Escapando de Apolo

Mes: julio, 2013

[mi dolor no es el tuyo alejandra]

mi dolor no es el tuyo alejandra
no es la dentellada en mitad de la noche
no es esta luna arrebatada
no es el constante bombeo de silencio
en la oscuridad del cuarto
mi dolor alejandra es otra película:
función continua

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El pájaro

El pájaro estaba hambriento. Sobrevoló las terrazas de la Plaza Real y aterrizó entre dos mesas para empezar a darse el merecido festín que ofrecía el suelo de la plaza. Mientras picoteaba, en la mesa de la izquierda hablaba una pareja de enamorados:

—Hostia, tío, mira ese pájaro, qué asco, sólo tiene una pata. Putas ratas voladoras.
—Asco no da, tía, no seas exagerada.
—¿Que no da asco? Mira cómo va dando saltitos intentando comer algo. Puaj, ¡largo, coño!
—Pobre bicho, tía, déjalo tranquilo. A mí me da más pena que otra cosa, a ver si con suerte muere pronto porque da lastimica verlo andando sobre una pata.
—Qué lástima ni qué hostias, tío. Estoy comiendo y me da grima ver este bicho con el puto muñón, me va a sentar mal el bikini, joder.
—No tienes corazón. Mira qué pena da, compadécete un poco del pobre animal, que suficiente tiene ya con lo que tiene.

En la mesa de al lado, una niña hablaba por teléfono con su abuelo, que gritaba al otro lado del aparato, poco habituado sin duda a las nuevas tecnologías:

—Iaio, estoy con la mama y me ha comprado un Calippo de fresa.
—¿Dónde estáis?
—En una mesa en la calle. Y ¿sabes qué? ¡Hay un pájaro comiendo bajo nuestra mesa!
—¿Una paloma? No le des de comer que luego no podrás quitártela de encima.
—No digas tonterías, iaio, si a las palomas no les gustan los helados. Y esta además no tiene miedo porque está muy cerca y no se asusta cuando muevo la pierna.
—¿Y está sola o con otras palomas?
—Está sola. Es muy bonita. Hala, tiene sólo una pata.
—¿Sólo una pata? ¡Pobrecilla! ¿Qué le habrá pasado? ¡Qué mala suerte!
—No, iaio, no, ¡pobrecilla no! Si sólo tiene una pata será porque no necesita dos porque tiene algo mejor: ¡tiene dos alas enormes! ¡dos alas preciosas! ¡Cuando acabe de comer se irá volando a donde quiera y lo verá todo todo pequeñito desde arriba! ¡Qué envidia me da este pájaro, Iaio! ¡Qué envidia!

El pájaro, que había escuchado las dos conversaciones, echó a volar, pensando que de mayor le gustaría ser tan libre como esa niña. Mientras, en su silla, la niña miraba al pájaro alejarse, soñando con poder ser algún día tan libre como ese pájaro.