Escapando de Apolo

Mes: abril, 2014

Tus putas manías

Tu puta manía
de correr solito
al paredón
y gritar ¡fuego!

Tu puta manía
de creerte John Wayne
y luego “cuelga, tú”,
“no, tonta, cuelga tú”.

Tu puta manía
de comerme,
sacarme de mis casillas
y contar veinte. Orgasmos.

Tu puta manía
de creer que la realidad
es más bonita con filtro.

Tu puto maremagnum
de piedras y flores
que me llega a los tobillos
y me convierte en Dafne.

Tu puta manía
de regalarme un par de alas
para destrozarlas y convertirlas
en un colchón de plumas.

Tu puta manía
de recoger mis cabos sueltos
y hacer dos nudos marineros
con los que atarme las muñecas.
A la cama.

Tu puta manía
de besarme a traición
mientras los perros ladran
y marcan territorio
donde ya no existen fronteras.

Tu puta manía
de bombardear mis sueños
para que despierte y busque
refugio en tus brazos.

Tus putas manías.
Me gustan todas.

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[No tienes de qué preocuparte]

No tienes de qué preocuparte:
tú no me quieres.
Pero prométeme que a lo largo de tu vida
tres
cuatro
quizás cinco
noches, antes de acostarte,
recordarás
cómo te hacía el amor
cada vez que te veía,
cómo me hiciste el amor
mientras no me lo hacías.

No tienes de qué preocuparte:
el código está intacto.
Pero prométeme que a lo largo de tu vida
tres
cuatro
quizás cinco
mañanas, al despertar,
recordarás
cómo lo incumplimos con los ojos
los condicionales los silencios,
cómo mientras tú temías
que un día no te quisiera más
yo te decía “no cuentes conmigo
para que te olvide”.

Palabras sin sangre

También puedo escribir
palabras sin sangre,
palabras que no crean
en ese misterio plateado
que es la tristeza
— a caballo siempre
entre las realidades
y sus propios defectos.