Escapando de Apolo

Mes: octubre, 2014

La peor película

Hoy, por primera vez, he pensado en abandonarte. He decidido llamarlo así porque era demasiado doloroso asumir que en realidad me estabas abandonando tú. Luego le he llorado a ella encima y no me he atrevido a decir tu nombre, por vergüenza o por orgullo, qué más da. Y me he repetido que no quiero el mismo problema: que no quiero dos veces celos ni quiero entender lo que ya entiendo perfectamente. Que lo único que quiero que me hagas es el amor. Y el desayuno. Tu pan con tomate con orégano y embutidos de niño bien. Que me hagas gritar. Tu nombre contra la almohada. Y hablar con las centralitas de las cadenas hoteleras a lomos de un taxi Gran Vía arriba. Y a galopar. Que me hagas de todo menos daño, porque el único daño que voy a poder perdonar es el de ella, que no me hace el amor. Ni el desayuno. Que sólo me deja pronunciar su nombre en un susurro y con su luz verde eclipsa las luces de los taxis libres cuando pasan.

Así que ahora, que sigue siendo inolvidable cuando estamos juntos pero ya nunca estamos juntos cuando estamos lejos, ahora que ya no reclamas con vehemencia lo que es tuyo ni me repites cada noche que te pertenezco, ahora
me importa una mierda que nosotros,
una mierda que especial,
una mierda que para siempre,
porque es domingo -otra vez-
y lo único que quiero
es alguien aquí con quien ver
la peor película
de Antena 3.

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Imagen: Pretty Puke

Y que nadie sea absuelto por no quererse

Es cierto: ahora vives con un francotirador apuntándote a la nuca y otro apuntando al corazón. Y con el miedo. Que yo tengo. Porque hace mucho tiempo que cada vez que una bala te alcanza soy yo la que sangra. También.
Y entretanto: barricadas cuerpo a cuerpo, la abstinencia de nuestra parada que sigue esperando su #dosis (la mía) y el bus que no llega nunca antes que las ganas -ay, si las marquesinas hablaran…-. Entretanto caricias que aceleran los latidos, llevarte de la mano al deseo, quitarnos el maquillaje a besos.
Y luego: mi alegría tu miedo mi recuerdo tu agobio mi humor tu reproche mi perdón tu perdón nuestro abrazo.
Pero hoy, que no estás, que estoy sentada en mi cama, que tú vas camino al pueblo y yo quiero ser el camino y quiero ser el pueblo. Hoy me escondo bajo la sábana a modo de bandera blanca y pienso en firmar la rendición porque como no acabe pronto esta guerra, como se te ocurra volver a besarme… tendré que matarte.
Decide tú
si a polvos
o a ausencias.