Escapando de Apolo

Mes: julio, 2016

hay dulces homenajes que caen sobre los cuerpos
hay santos de calendario que son eterno sin ser retorno
doy la razón negándola
es verdad que no
que no
que no
el salitre en el beso sin sutura escuece
un rugido canta feliz triste aniversario
sólo viento
la verdad que no
que no
que no

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El mundo necesita más pseudopoetas hablando de sí mismos.

Cuando era la niña del lenguaje. Dije luz y me convertí en sombra chinesca. Me escribí bajo los párpados “Dios es chiste” con neones amarillos, y cada pestañeo era una carcajada silenciosa. Descubrí que la belleza será convulsiva o no será, y que el plagio es otra forma de vida (o de escribir poemas). Estrenada vejez a los quince y adolescencia a los veinticinco, a los veintitodos morí.

Hoy en Comala los fantasmas me sacaron a bailar. Bailé y luego salí a mirar cosas. Vi un sol de neón amarillo y sus rayos escribieron en mis párpados: “Este mundo necesita más pseudopoetas hablando de sí mismos”. Así que obediente, me asumí otra vez yo. Yo queriéndote. De momento para siempre. Yo sabiendo que podré porvenir contigo cuando salga de Comala y consiga devenir aquella que fui.

La verdad: en el fondo estoy tranquila, amor, porque sé que tu vientre tiene forma de pila bautismal.

toda piedra hace margen

la catedral:
un gato acurrucado
sobre el deseo de otra historia

mis ojos acarician
su piel cálida, endurecida
descubren en sus manchas
hematomas de un capricho abierto

alguien clavó pinchos en las columnas
quiso ahuyentar a los pájaros
– alguien no sabía que el civismo no tiene alas –
los pájaros se posan
dejan pasar la tarde al sol de junio

entre espinas de viejos rosales
mi nostalgia se posa
descansa orgullosa
sobre el reflejo etílico de tu mirar.
dejo pasar la tarde al sol de junio

toda piedra hace margen
en cada muro un animal dormido
en tus ojos: jilgueros en vuelo
dejamos pasar la tarde al sol de junio

IMG-20160710-WA0010.jpgbona

qué limpio qué liso qué puro
lo que se ve

entretanto, los cimientos:
circuitos de nostalgia
raíces en nudos arteriales
que el desencanto aprieta