El mundo necesita más pseudopoetas hablando de sí mismos.

por Anna Esteller

Cuando era la niña del lenguaje. Dije luz y me convertí en sombra chinesca. Me escribí bajo los párpados “Dios es chiste” con neones amarillos, y cada pestañeo era una carcajada silenciosa. Descubrí que la belleza será convulsiva o no será, y que el plagio es otra forma de vida (o de escribir poemas). Estrenada vejez a los quince y adolescencia a los veinticinco, a los veintitodos morí.

Hoy en Comala los fantasmas me sacaron a bailar. Bailé y luego salí a mirar cosas. Vi un sol de neón amarillo y sus rayos escribieron en mis párpados: “Este mundo necesita más pseudopoetas hablando de sí mismos”. Así que obediente, me asumí otra vez yo. Yo queriéndote. De momento para siempre. Yo sabiendo que podré porvenir contigo cuando salga de Comala y consiga devenir aquella que fui.

La verdad: en el fondo estoy tranquila, amor, porque sé que tu vientre tiene forma de pila bautismal.

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